
Eduardo Aznar Martínez,
es licenciado en Antropología Social y Cultural (Universidad
de Deusto), y en Geografía e Historia (U.N.E.D.). Entre
otros muchos temas, ha venido realizando en los últimos
años una larga investigación encaminada a intentar
conseguir una reconstrucción lo más precisa posible
de la vieja lengua aquitana, antecesora directa del euskera actual.
Este trabajo se encuentra ya a punto de culminar en una amplia
teoría que será publicada en los próximos
años.
Toda lengua es no obstante un soporte
comunicativo para la transmisión de la cultura, y por ello
no puede existir nunca un habla carente del entorno étnico-ideológico
que la utilice, por lo que en este aspecto se hace indispensable
explorar líneas de investigación en terreno más
específicamente antropológico. Como consecuencia
de esta búsqueda, acaba de terminar un libro que espera
publicar pronto, y en el que se intenta realizar una imagen de
conjunto de lo que ha sido la evolución y las características
esenciales de la cultura vasca en los últimos siglos, partiendo
siempre desde el punto de vista de la “aquitanidad”,
concepto aplicado a un antiguo sustrato humano presente en la
Europa occidental, del cual ha surgido todo lo que podemos entender
hoy en día como peculiarmente “vasco”.
Para contactar con Eduardo: insilur@yahoo.es
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LAS
GLOSAS EMILIANENSES EN EUSKERA:
UN
PROBLEMA RESOLUBLE.
En el presente artículo, publicado
inicialmente en la revista “Idiomas” de la Escuela Oficial
de Idiomas de Soria del año 2004, el autor realiza un repaso
a los estudios de los últimos años acerca de las glosas
emilianenses en lengua vasca, constatándose que su significado
preciso todavía sigue siendo un gran enigma para la investigación.
Para tratar de salir del problema se inicia una nueva vía
de análisis, y se propone una posible traducción de
ambas frases, señalándose que para alcanzar la interpretación
exacta es indispensable prestar gran atención a los peculiares
signos gráficos que aparecen por todo el documento, así
como a la estructura sintáctico-gramatical del euskera medieval.
Introducción
Uno de los motivos que me han llevado
a escribir este artículo, ha sido la gran sorpresa que produce
el hecho de que aún hoy en día no parezca haber una
traducción exacta y segura de las conocidas como «Glosas
Emilianenses» en vascuence, a pesar de que bien pudiera afirmarse
que las dos frases son uno de los temas más veces estudiados
de la historia de la filología vasca.
De hecho, en una reciente publicación
(1) que resume con precisión el estado
actual de los estudios en torno a la lengua vasca, se afirma literalmente
que «Pese a que vienen rodeadas del texto latino que intentan
aclarar (...), todavía nadie ha llegado a entender bien el
significado de esas dos misteriosas frasecitas».
Creo no obstante que el problema no
es tan «imposible» como parece a simple vista, y que
es factible aportar una teoría que tendría ciertos
visos de realidad. Para ello es necesario contextualizar el origen
de estas inscripciones, y dar un repaso detallado a lo que ha sido
la investigación sobre ellas.
ORIGEN E INVESTIGACIONES
Hace ya más de un siglo que
se sabe de la existencia de un códice, proveniente del viejo
monasterio de San Millán de la Cogolla en La Rioja, con una
serie de anotaciones y apuntes denominadas «glosas»,
las cuales -sobre un texto latino de mayor importancia- están
escritas mayoritariamente en un incipiente romance, que gran parte
de los investigadores ha solido considerar como las primeras señales
del idioma castellano, mientras que otro grupo más minoritario
pero no peor armado técnicamente, pretende que corresponden
al romance navarro-aragonés, el cual también estuvo
presente en La Rioja antigua.
Tales anotaciones las realizaban los
monjes para ayudarse a entender el texto latino, puesto que cuando
fueron escritas (hacia los siglos X ó XI d.C.) se había
perdido ya la lengua culta desde hacía mucho, y la mayor
parte de la población hablaba lenguas románicas antepasadas
de los idiomas modernos como el castellano, el gallego, el catalán,
etc...
No obstante, lo que nos interesa para
este estudio, es el hecho de que sobre los folios denominados 67v
y 68v, aparecen entremezcladas con las glosas romances dos frases
en un idioma que sin ninguna duda es vascuence o «euskera»
antiguo. (fig.1)
Pero lo que parecía en un primer
momento relativamente fácil de traducir, pues en teoría
corresponden en su sentido al texto del sermón latino que
comentan, se ha convertido en una especie de nudo enrevesado de
la filología, que nadie parece haber desatado con total seguridad.
La primera gran publicación
de estas glosas, realizada por un buen especialista en el tema,
y que buscó el apoyo de varios filólogos vascos, fue
la realizada en 1926 por Menéndez Pidal (2).
Éste, asociando la segunda frase a la glosa romance «nos
non kaigamus» (=no nos caigamos), pensó que había
que transcribirla como «guec cayutu ez dugu», con un
participio «cayutu»= “caído”, de
tipo latino.
Tal teoría fue ya desde el
principio rechazada, por autores como J. de Urquijo (1933) 3,
C. de Echegaray (consultado personalmente por Pidal en 1916), o
P. Lafitte (1933) 4. Todos ellos consideraron
que la lectura correcta era «guec ajutu...», y no «cayutu»
ni nada parecido.
En cuanto a la otra glosa, Menéndez
Pidal la relacionó con el vizcaino «izio», que
quiere decir “encender un fuego”, mientras que un colaborador
suyo, Eustaquio de Ugarte, pensó que «izioki dugu»
quería decir “nosotros lo hemos ardientemente”.
Con el paso de los años otros autores como Policarpo de Iráizoz
(1951) 5, L. Michelena (1964) 6,
o A. Irigoyen (1975 y 1988) 7, se han ocupado
del tema, y aportado teorías. De hecho, estos tres autores
se aproximan mucho en el significado que le dan a «guec ajutu...»,
aunque ninguno parece traducir con claridad la otra glosa, la del
«izioki dugu».
A fin de que veamos todo esto con
más claridad, vayamos directamente a los textos, y repasemos
en detalle todos los datos disponibles.
LAS GLOSAS EN SI MISMAS
Las glosas se hallan anotadas en ambos
casos en el margen izquierdo de los folios 67v y 68v del manuscrito
nº 60 del monasterio de S. Millán, siendo el tema de
este manuscrito un sermón, y estando redactadas tanto las
glosas como el texto dominante en letra visigótica. En concreto,
veamos a continuación parte del discurso latino:
«INCIPIUNT
SERMONES COTIDIANI BEATI AGUSTINI
(67v) Gaudeamus fratres karissimi
et Deo gratias agimus, quia uos, secundum desideria nostra, jncolomes
inueniri mêruimur. Et uere fratres juste et merito pater gaudet
quotiens filios suos et corpore sanos et Deo deuotos jnuenerit;
(…)
(68v) Si uero, quod Deus non patiatur
et mala opera exercimus et plus pro carnis luxuria quam pro salute
anime laboramus, timeo ne quando boni cristiani cum angelis acceperint
uitam eternam nos, quod absit, precipitemur, jngeena. Non nobis
sufficit quod christianum nomen accepimus si opera christiana non
facimus...»
Lo cual, haciendo una traducción
libre -si se hiciera literal no se entendería bien el sentido,
debido a lo relativamente desordenado del latín medieval-,
quiere decir en castellano moderno:
«Aqui comienzan
los sermones diarios del beato Agustín. Hermanos queridísimos,
nos alegramos (8) y damos gracias a Dios,
porque vosotros, según nuestros deseos, hemos merecido encontrarnos
sin daño alguno. Y verdaderamente, hermanos, justa y naturalmente
el Padre se alegra por cuántos hijos suyos y corporalmente
sanos y devotos a Dios encontró.(...)
Verdaderamente, quien por causa de
Dios no padece y si realizamos malas obras, y trabajamos más
por la lujuria de la carne que para la salud del alma, temo que
-Dios no lo quiera- cuando los buenos cristianos accedan con los
ángeles a la vida eterna, seamos precipitados al infierno.
No nos es bastante con adoptar el nombre de cristianos, si a la
vez no hacemos obras cristianas...»
A la izquierda de este texto, es donde
aparecen las célebres glosas. La primera se lee claramente,
y presenta una especie de acento circunflejo sobre la primera palabra.
La segunda se halla sumamente deteriorada, pero aún es posible
leerla perfectamente.(Fig.l)
Teniendo en cuenta que el signo
«q» es una abreviatura de «qui», la transcripción
exacta de las dos glosas sería: «Içioqui dugu»,
«Guec ajutu eç dugu», lo que adaptado a la ortografía
moderna del vascuence sería: «Izioki dugu» y
«Guek aiutu ez dugu». Para entender su significado exacto
lo mejor es comenzar por la primera de ellas, que es con mucho la
más compleja y que más problemas ha causado a los
investigadores, dejando la otra para el final, pues como veremos
enseguida saldrá muy fácilmente.
LA TRADUCCIÓN
En la transcripción del texto
latino que acabo de realizar he marcado un acento circunflejo sobre
la «e» de «mêruimur», porque en efecto
así sucede también en el manuscrito original. Esta
señal ha sido sin ninguna duda el principal motivo por el
cual nunca se ha precisado claramente el valor de «Izioki
dugu». En efecto, cuando los monjes que leían estos
manuscritos en lengua latina realizaban sus comentarios y glosas,
solían marcar las palabras o expresiones que no entendían
con alguna raya, acento o señal, que luego se repetía
a un lado del texto, sobre la traducción al romance o al
vascuence del pasaje de difícil interpretación.
Así, el circunflejo que aparece
sobre «mêruimur», tiene una correspondencia exacta
con el que surge sobre el «Izioki», por lo cual, lógico
sería afirmar -y de hecho así se ha pensado siempre
sin plantearse dudas-, que la glosa en euskera traduce la idea del
latino «meruimur» = “merecimos, o lo hemos merecido”.
Sin embargo, existen graves obstáculos
para poder armonizar al «Izioki dugu» con la más
mínima expresión dentro de la lengua vasca, moderna
o antigua, que se refiera a la idea de “merecer algo”.
Michelena, en su análisis al
respecto, intentó asociarlo a verbos arcaicos (s. XVI) como
«itzeuki» = «considerar, estimar», u otro
como «itzeradoki» = “obligar o llevar a mantenerse
en la palabra dada 9”.
Pero al margen de las muchas discusiones
que se podrían aportar sobre el tema, lo cierto es que es
muy difícil asociarlos con ideas de merecimiento. Por ello,
cuando un camino de investigación no da resultado, no queda
más solución que tratar de buscar otro nuevo que produzca
mejores frutos.
De base, se pueden dar dos cosas por
seguras:
1º: al ser «dugu» una flexión
verbal hoy en día en pleno uso con el significado de “lo
hemos” o “lo tenemos”, encontramos en él
un punto seguro, con el que coinciden sin dudarlo todos los investigadores.
2º: a «Izioki» se le han intentado
buscar muchos significados, pero creo firmemente que es exactamente
la misma palabra que el actual «ixioki
/ isioki» del dialecto vizcaino, que posee el sentido de “incentivo”
o “material que sirve para encender un fuego”,
una palabra que se ha originado claramente del verbo «izio
/ ixiotu», que quiere decir “prender un fuego”,
y del sufijo «-ki», que
en este caso significa materia o cosa.
Teniendo en cuenta estos dos puntos
firmes, planteemos una pregunta: ¿verdaderamente todas las
anotaciones o marcas realizadas sobre las palabras del gran texto
latino, son «llamadas» para indicar que al margen del
pergamino se realiza una traducción o comentario del pasaje?
El análisis del original nos dice que en efecto, no siempre
se hace una transcripción literal de la frase.
Sobre el sermón, a la par que
pequeñas marcas que sirven para señalar la equivalencia
en la lengua romance viva anotada a un lado del texto, aparecen
infinidad de pequeñas abreviaturas y palabras -a veces tan
solo letras sueltas-, que fueron insertadas para conseguir una mejor
comprensión del discurso; no para realizar una traducción
exacta.
Así por ejemplo, dentro de
la gran “G” de «Gaudeamus» (Fig. 2), aparece
un diminuto «nos» (= nosotros), que aunque no era necesario
ni es parte de la versión original del texto latino, permitía
a los monjes que lo leían y que ya no entendían bien
el original en latín, no tener dudas de que «Gaudeamus»
era una flexión de primera persona plural y no otra cosa.
Anotaciones
de este tipo aparecen a decenas, pudiéndose encontrar ejemplos
muy repetidos como este mismo «nos», u otros como «domino»,
«qui», «est» o «dominus est»,
que contextualizan cada una de las expresiones del texto original.
Pienso que «Izioki dugu»
es otra frase de este mismo tipo, que por ser demasiado larga para
escribirla sobre el original, se ha anotado a un margen, y que por
tanto no es una traducción exacta de «meruimur»,
sino una expresión que daba a ojos del monje que escribió
la glosa un sentido pleno a lo que acababa de leer. Una glosa que
a la vez -y sin que sea contradictorio con esta primera idea- también
es traducción exacta de otra parte del mismo texto.
He utilizado esa expresión
de «a ojos del monje», porque encierra una noción
de gran importancia para salir de este nudo lingüístico,
pues fue precisamente la forma, la manera de construir el orden
de las palabras en la frase la que hizo que el «Izioki dugu»
se colocase sobre «meruimur», y no sobre «Gaudeamus»,
que es a lo que verdaderamente corresponde.
En muchas ocasiones, se ha calificado
de una forma muy gráfica que el euskera es respecto al castellano
y otras lenguas latinas una lengua «zurda»10
o «especular» -sin que tengan estas palabras ninguna
connotación negativa-, puesto que el orden de colocación
de las palabras en la frase suele ser casi siempre inverso al del
castellano.
Por otra parte, el vascuence tiene
desde hace siglos un sistema extraordinariamente productivo de crear
nuevas expresiones a través de la unión de un sustantivo
o adjetivo con un verbo adecuado.
Así, encontramos formas como
«nahi dugu» , «atsegin dugu», «maite
dugu» , «behar dugu» , formados respectivamente
por «nahi» = “deseo”; «atsegin»
= “placer, gusto”; «maite» = “amor,
cariño”; «behar» = “necesidad u obligación”;
y la flexión verbal «dugu» = “lo tenemos”,
traduciéndose todo ello por “queremos”, “nos
gusta”, “lo amamos”, “lo necesitamos”,
(literalmente “tenemos deseo”, “tenemos placer”,
“tenemos amor”, “tenemos necesidad”, etc...)
Por todo ello, una expresión
como «Izioki dugu» tiene que corresponder por fuerza
a una construcción muy similar. «Izioki» quiere
decir “incentivo”, “materia inflamadora”,
luego no sería exagerado pensar que -como sucede paralelamente
en todas las lenguas del mundo en tantos y tantos ejemplos de otras
palabras y expresiones-, en un momento muy antiguo su significado
se hubiese extendido metafóricamente, pudiendo haberse utilizado
con la idea de algo que “anima” o “estimula”
a una persona. Digamos que “encendería” el “fuego
interno” o alma de alguien, correspondiendo muy bien a una
idea de excitación o alegría.
Existen datos muy fiables de que tal
extensión metafórica se realizó en ese sentido,
al menos en el dialecto vizcaino, pues se documenta en alguna comarca
de esta área la palabra «irisigi / irizigi» con
el sentido de sentirse “alegre” o “satisfecho”.
Dado que tal término es un
claro derivado -en concreto un “factitivo” del verbo
«izigi / itzeki / izio», el mismo que dio lugar al sustantivo
«izioki»-, parece demostrada esta teoría.
A todo ello añadamos la existencia
en varios dialectos de palabras como «izi / izu / uzi / uzu»,
que expresan la idea de “miedo”, “susto”,
“ansiedad”, “anhelo”, y que morfológicamente
tienen un casi seguro origen en la misma raíz verbal. Raíz
también presente en elementos como «bizi» = “vivo”,
o «piztu / biztu» = “encender, animar”,
«bizkor» = “vital”, etc.
Parece pues que la extensión
de la idea de “arder / encender” hacia sentimientos
humanos fue muy habitual en el pasado, de un modo similar a lo que
sucede con el castellano “enardecerse-enardecido”, en
el que una idea originaria de incendio se deriva un concepto enteramente
espiritual.
De tal manera, «Izioki dugu»
vendría a querer decir “nos alegramos” (literalmente
“lo tenemos como incentivo, como inflamante”), correspondiendo
muy apropiadamente a «Gaudeamus» -que en latín
tiene este mismo sentido-, y no a «meruimur». Ahora
bien, teniendo en cuenta lo que acabamos de decir de que las frases
en euskera se componen exactamente al revés que en castellano
o su antepasado el latín, ¿cómo construiríamos
una frase del tipo de “nos alegramos de que merecimos tal
cosa u otra”?
Tomando para la idea de “merecer”
el verbo actual «irabazi», que tiene exactamente el
mismo doble sentido (11) del verbo latino
«mereo(r)», de “ganar” y “merecer”,
tal frase vendría a ser algo así como «irabazi
izioki dugu», o forzando aún más la estructura
«irabazi genegielako izioki dugu» (12).
Es decir, literalmente “merecer aliciente tenemos”,
o “porque merecimos tal cosa, aliciente tenemos” = “nos
alegramos de merecer, nos alegramos de que merecimos hallarnos de
tal manera”.
En ambos casos, si aplicamos tajantemente
las reglas de gramática vasca (13),
«izioki dugu» va siempre detrás de la idea
de “merecer”.
Aquí es donde se explica por
qué el circunflejo está sobre «meruimur»,
cuando quizás debiera estar sobre «Gaudeamus»:
el glosador pensaba en euskera, y puso la frase en ese punto porque
para su mente, para su forma de entender el orden de las palabras,
la frase que es inicio del texto latino, tenía que ir al
final.
Hablando en términos técnicos:
«meruimur» es el verbo que compone una oración
«subordinada causal» de «Gaudeamus». O lo
que es lo mismo: nos indica la causa por la cual el escritor se
siente alegre. Ambas flexiones verbales se hallan en una íntima
relación de dependencia, unidas en el texto latino por la
conjunción «quia» = “que, porque”.
Así, era lógico que el monje colocase la señal
del «Izioki dugu» sobre «meruimur», porque
en efecto existe una profunda ligazón entre ambas ideas.
Por tanto, lo que hizo el glosador
fue a la vez aclarar el contexto de la frase -tal y como ocurre
con la gran cantidad de pequeñas anotaciones sobre el sermón-,
aplicándole el orden de su lengua natal, y a la par traducir
el «Gaudeamus» -igual que sucede con las glosas anotadas
a un lado-.
En cuanto a la otra glosa, «Guek
aiutu ez dugu» , su estructura coincide por completo con la
otra. «Guek» es una forma del pronombre de primera persona
plural “nosotros”, atestiguada tanto en el dialecto
vizcaino-alavés de Zigoitia, como en el recientemente descubierto
manuscrito del alavés Lazárraga (s.XVI), donde se
encuentran frases tan curiosas como «yc jaquingo doc eçe
guec goaçela dueroco Riberara», “tú has
de saber que nosotros vamos a la ribera del Duero”. «Aiutu»
es una palabra vizcaina que expresa la idea de “adecuado”,
“ajustado”, “apto”, “afilado”,
lo cual unido al «ez» que no es otra que la negación,
nos permite asegurar con gran fiabilidad que esta segunda glosa
corresponde al «non nobis sufficit» = “a nosotros
no nos es bastante, no basta, no nos es adecuado”.
En este caso no tenemos ni sobre el
«non nobis...» ni sobre el «Guek...» ningún
acento ni marca que nos establezca directamente que la glosa es
traducción de esa frase, pero la gran claridad de la expresión
en euskera, junto al hecho de que aparezca en el texto a una altura
muy similar a la que el «Izioki...» lo está de
«meruimur», nos permite dar por segura esta relación.
Fue Policarpo de Iráizoz (14)
quien primero se dio cuenta de la identidad entre el «non
nobis...» y el «Guek aiutu...», que supo explicar
correctamente, teoría a la que años después
se adhirieron Michelena e Irigoyen.
Resulta por tanto que las dos frases
mantienen una idéntica estructura gramatical, a pesar de
que en el texto latino las expresiones originales son por completo
diferentes en cuanto a su forma.
Todo esto nos revela que en aquella época
(s.X-XI), tal sistema de construcción de frases de sustantivo
más flexión verbal se hallaba en su punto álgido,
con una intensidad de uso muy superior a la actual. Incluso se puede
afirmar que era una de las estructuras fundamentales del habla cotidiana,
junto a la clásica perífrasis de “participio
verbal + flexión auxiliar”, que es la que ha dominado
en los últimos siglos de historia documentada del euskera.
De hecho, a pesar de su brevedad,
podemos incluso precisar que estas glosas pertenecían a un
tipo de dialecto «vizcainoide», entendiendo por este
término no que su autor hubiese venido de Vizcaya, sino más
bien que el dialecto vizcaino moderno es el último superviviente
de un conjunto de hablas íntimamente emparentadas, que en
la Edad Media se extendían por un área muy amplia
que abarcaba zonas como Álava, Rioja, regiones de Burgos
y Cantabria, etc...
Pero el análisis de los muchos
datos que existen al respecto, que nos hacen pensar que tal extensión
viene de muy antiguo, y que la presencia del euskera en La Rioja
no fue consecuencia de simples repoblaciones medievales, es ya un
tema que excede a las intenciones de este artículo.
CONCLUSIONES
Para finalizar podemos señalar una serie de ideas básicas:
1- Las conocidas como “Glosas
Emilianenses” en euskera, son dos frases que traducen el texto
latino de un viejo sermón, y que corresponden a «Gaudeamus»
y a «non nobis sufficit», habiéndose colocado
la marca correspondiente a «Izioki dugu» sobre la expresión
«meruimur», en vez de encima del propio «Gaudeamus»,
porque la sintaxis vasca que tenía el glosador en su mente,
le obligaba a colocar tal frase al final, exactamente después
del concepto expresado por «meruimur».
2-Ambas se componen de una perífrasis
formada por “sustantivo / adjetivo” -la diferencia entre
ambos conceptos siempre ha sido muy escasa en vascuence- más
una flexión verbal de primera persona de plural en presente
simple. Tal estructura quizás fuera en los s.X-XI incluso
más abundante que la fundamental hoy en día de “participio
verbal + flexión auxiliar”.
3-Son las primeras frases en
euskera moderno halladas hasta el momento, y se las puede asignar
claramente a un área dialectal «vizcainoide»,
por lo que el glosador era seguramente originario de algún
lugar próximo al monasterio.
* * *
1. Núñez Astrain, Luis:
El euskera arcaico. Extensión y parentescos. Pg. 50. Ed.
Txalaparta. Tafalla 2004.
2. Menéndez Pidal, Ramón: Orígenes
del español. Madrid, 1926.
3. De Urquijo, Julio: “Les vieux textes basques”,
en “Gure Herria”, XIII, 1933.
4. Lafitte, Pierre: “Autour d'une glose basque
du Xème siécle”. En “Gure Herria”,
XIII, 1933.
5. De Iráizoz, Policarpo: “Las palabras
vascas en las Glosas Emilianenses”. BRS VAP, VII, 1951.
6. Michelena, Luis: Textos arcaicos vascos. Ed Minotauro.
Madrid, 1964.
7. Irigoyen, Alfonso: “Done Miliaga Kukullakoa eta euskara”.
Euskera XX, 1975. Junto a éste señalemos también
su artículo “Las Glosas Emilianenses
y la lengua vasca”. FLV nº51, 1988. Estos dos textos
quizás sean los mejores estudios realizados hasta el momento
sobre el tema.
8. Aunque la flexión latina es de presente de indicativo,
también admite en este caso un cierto valor de imperativo.
Es decir, podría traducirse también
como “alegrémonos”. Recordemos que en latín
clásico no existía una forma específica de
imperativo en la primera persona plural, para
lo cual se solía usar la forma de presente simple que aparece
aquí. En todo caso ambos matices -el presente simple y el
imperativo- son perfectamente compatibles
en el contexto del discurso.
9. Ambos aparecen en las obras de Leizarraga (1571): «moldezcoago
itzeuquiz» = “considerándolo más adecuado”
(pg. 1206 según la edición facsímil
de Euskaltzaindia de 1990). «Eztu deus galdeguiten, gu eguitera
itzeradoqui ezgarenic» = “no nos requiere nada, a lo
que no se nos haya hecho dar
la palabra -o mantenernos a la palabra dada- de hacer” (pg.
1326).
10. Núñez Astrain, Luis: op. cit. 1, pg. 309.
11. O por lo menos lo ha tenido junto a su variante «ibazi»
en algunos textos. En este caso el contexto permite ese doble sentido,
pues en efecto el hecho
de hallarse “sanos y salvos” se consiguió, luego
además de ser merecido fue obtenido y ganado por la fe de
los monjes.
12. Para el primer ejemplo sigo el modelo de expresiones modernas
como «ikusi nahi dugu» = “queremos verlo”,
mientras que para el segundo caso
hago ya una traducción literal del «Gaudeamus (...)
quia (...) meruimur», tomando una flexión verbal auxiliar
como «genegielako», que por
lo menos al final de la Edad Media tuvo el valor de “preterito
perfecto”o “aoristo” en el dialecto vizcaino,
paralelamente a construcciones
como “genezalako” de otros dialectos. De hecho, como
la fecha de realización de las glosas es muy antigua (s.X-XI),
podríamos hacer
una reconstrucción aún más atrevida, y ?tal
y como se debió realizar en aquellos tiempos? conjugar como
verbo sintético el
«irabazi», con lo cual nos quedaría algo así:
GAUDEAMUS
QUIA MERUIMUR
1 2
3
GINIRABAZA-LAKO
IZIOKI DUGU
3
2
1
De esta forma., nos quedan
las dos estructuras, la latina y la vasca puestas frente a frente,
apareciendo el «izioki dugu» bajo «meruimur»,
con lo que queda muy evidente
el porqué del circunflejo en ese punto.
13. O por lo menos las vigentes en el s. X. Pensemos
que la otra glosa, la del «Guek...», a pesar de ser
negativa respeta al detalle la estructura de
frase SOV típica del euskera antiguo, fenómeno que
hoy en día ha desaparecido en los dialectos modernos, en
los que el «ez» sería el que
aparecería en primer lugar. Nótese que también
en el anterior caso que hemos comparado con el latín se sigue
la estructura SOV, adaptada
a una oración subordinada.
14. De Iráizoz, Policarpo: op. cit. 5.
gorantz-arriba
El euskera
en los montes Idúbeda
(Burgos, Rioja, Soria, Ribera navarra, Ribera del
Jalón, Somontano del Moncayo, serranías turolenses,
etc...)
Esta obra en construcción, pretende realizar
una nueva revisión en su conjunto de las huellas y datos
que han logrado sobrevivir hasta la actualidad, acerca de lo que
fue la presencia de la lengua vasca en todo el sistema ibérico,
formación conocida antiguamente como «Montes Idúbeda».
Han pasado ya muchos años desde los últimos libros
escritos por el investigador J. Merino Urrutia, quien desde la década
de los treinta del s. XX realizó importantísimos descubrimientos
-como el célebre documento de 1239 en el que el rey de Castilla
concedía a los vecinos de Ojacastro el derecho a dirigirse
a las autoridades locales en vascuence-, y a la vista de los nuevos
y variados datos que han venido surgiendo en los últimos
años acerca de este tema, se echa cada vez más en
falta la existencia de una gran obra de conjunto, que abarque de
modo sistemático todos los aspectos del problema.
Para ello, se analizarán toda clase de datos, aplicando nuevos
enfoques al tema, aunque como ha venido sucediendo tradicionalmente
será el estudio detallado de la toponimia de los pueblos
y rincones el que ocupará uno de los lugares principales,
pues como veremos más adelante aún no se ha analizado
en la profundidad y detalle que merece, siendo un campo del cual
se pueden obtener informaciones valiosísimas, imposibles
de conseguir por otros medios.
La conclusión principal que parece podemos obtener ya de
este estudio, es la de que existe suficiente base científica
como para considerar que ni Ojacastro fue en materia lingüística
una isla aislada del resto de la Rioja, ni el euskera fue una lengua
traida en tiempos medievales por unos pocos y “aislados”
repobladores de origen alavés, sino que este idioma procede
con gran seguridad de un antiguo elemento autóctono y prehistórico,
el cual sufrió primero la competencia de las lenguas celtibéricas,
y después la del latin y sus derivados romances, siendo estos
últimos quienes acabaron por hacerlo desaparecer por completo
ya en los albores de la Edad Moderna
gorantz-arriba
El
término «Errioxa», y su presencia en la lengua
y literatura vasca
Eduardo Aznar Martínez
«Errioxa»
es el término más utilizado en la actualidad entre
los hablantes de euskera para denominar a La Rioja, pudiéndose
afirmar con seguridad que ha surgido como una simple adaptación
fonética del mismo nombre castellano «Rioja».
El motivo principal de que se haya
producido esta variante, no es otro que el hecho de que las leyes
fonéticas de la lengua vasca no permiten comenzar nunca palabras
por una «R-» inicial, y de tal manera, para asimilar
cualquier término de otros idiomas que empiece por esta consonante,
se suelen añadir las vocales A- / E- delante de la «R-».
Por otra parte, al igual que sucede con el gallego o el aragonés,
el euskera no ha integrado en su sistema de sonidos la «J»
castellana, y por eso suele adaptar las palabras que presentan este
sonido con una «X».
Es precisamente gracias a este detalle
por el que se comprueba que el término «Errioxa»
debe de ser de formación relativamente reciente (quizás
no vaya mucho más atrás del siglo XVIII), ya que si
se hubiese adoptado en época medieval, el resultado habría
sido más bien algo así como «*Errioia»
o acaso «*Arrioia», pues la vasca es una lengua muy
conservadora, y parece razonable pensar que habría mantenido
la «-I-» intervocálica sin haberla hecho evolucionar
hasta una «-X-». No obstante, de haberse producido la
necesidad de crear un nombre íntegramente euskérico
para la zona -es decir, no una mera adaptación de otro ya
existente, sino un término surgido plenamente del genio de
la lengua-, éste habría sido algo así como
«Oia-herri» = “País del Oja”.
Parece ser que lo
más antiguo que se puede documentar «Errioxa»
en la literatura vasca es en los años de cambio entre los
siglos XVIII y XIX, aunque en ese momento aparece más bien
bajo la variante intermedia «Errioja». No sería
imposible de todas formas que un repaso más detallado aportase
una cita más antigua. Ciertamente, es razonable pensar que
la carencia de referencias anteriores en el tiempo se debe más
bien al hecho de que en los siglos XVI-XVII -punto de partida para
la literatura moderna en esta lengua- la mayor parte de los escritores
eran originarios de la región vasco-francesa, y para ellos
La Rioja era un territorio más bien desconocido, y desde
luego sumamente distante de su ámbito geográfico y
social habitual. Sólo a partir del siglo XVIII empezó
a aflorar una literatura en euskera de cierta entidad entre los
escritores de Vizcaya y Guipúzcoa, los únicos de los
que por su mayor cercanía a la región se podía
esperar que realizasen citas de este término.
Curiosamente, en algunos autores profundamente
implicados en los esfuerzos por mantener vivo el euskera y conservar
las tradiciones del país, se trasluce a veces una relativa
“antipatía” hacia la tierra riojana, a la que
se le acusa del empobrecimiento del mundo rural vasco, debido a
su producción masiva de vinos. Véase sino lo que decía
un autor vizcaíno como Juan Antonio Moguel (1745
- 1804), en su célebre Peru Abarka, escrito hacia 1802:
¡Oh zorigaistoco
ardanteguijac! Eta ¡ceimbat calte eguiten dozuben! Bizcairic
gueijenac erriojara darua dabena ta ez dabena.
¡Oh malditas tabernas! Y ¡cuánto
daño hacéis! La mayor parte de Vizcaya entrega a La
Rioja lo que tiene y lo que no tiene.
Paradojas de
la vida, este escritor, uno de los mejores de todos los tiempos
en lengua vasca, descendía por vía paterna nada más
y nada menos que de la localidad de Alfaro, donde se encuentra el
origen del apellido «Moguel».
Foto:euskonews.com
Ha sido no obstante en el siglo XX cuando
verdaderamente se ha generalizado el término «Errioxa»,
pues todavía en escritores y poetas del XIX como el célebre
José Mª Iparraguirre (1820-1881), aparece
la forma «Rioja» tal cual. Fijémonos sino en
la célebre canción de bebedores que compuso para celebrar
la secular amistad riojano-navarra:
Biba
Rioja, biba Naparra, Viva
Rioja, viva Navarra,
arkume
onaren iztarra, con
buena pierna de cordero,
emen
guztiok anaiak gera aquí
todos somos hermanos
ustu
dezagun pitxarra. vaciemos
el jarro.
En
contraste con esta visión tan optimista de las buenas relaciones
entre navarros y riojanos, no es difícil encontrar en algún
otro autor muy reconocido una cierta actitud de “distancia”
hacia la tierra riojana, a la cual se ha tendido a considerar como
una región más de Castilla, y por tanto ajena al mundo
vasco. Sin ir más lejos, el célebre escritor
de comienzos del XX, Evaristo Bustinza “Kirikiño”(1866-1929),
ambientó en un pequeño pueblecito de La Rioja uno
de sus cuentos recopilados bajo el título de “Abarrak”,
en el que se narra la gran alegría que experimentaron dos
hombres vascos al encontrarse en un lugar como aquél, que
para ellos era literalmente “el extranjero”…
Foto: armiarma.com
Señalemos también que dado
que en euskera existe el término «(h)erri» con
el significado de “pueblo” o “territorio”,
se ha extendido mucho a nivel popular -y también entre ciertos
intelectuales vascos-, la creencia de que «Errioxa»
es precisamente el nombre originario de La Rioja, y que la palabra
derivaría de «erri» más otro componente
no muy claro, que ha dado lugar a muchas discusiones, pero que algunos
piensan que podría estar relacionado acaso con (h)otza =
“frío”. Por supuesto, esta clase de etimologías
son totalmente incorrectas, ya que como hemos señalado al
principio, «Errioxa» no es más que una mera adaptación
reciente del término castellano «Rioja».
Curiosamente, aunque
«Errioxa» es un vocablo plenamente asentado en la lengua
hablada y escrita actual, el «OROTARIKO EUSKAL HIZTEGIA»
(“Diccionario General Vasco”), que es el gran diccionario
de autoridades editado por la Academia de la Lengua Vasca,
en el que se supone que se han recopilado todos los términos
del vocabulario vasco conocidos, no se recoge esta denominación,
aunque sí su derivado gentilicial «erriojatar / errioxatar»
= “riojano”. Desconocemos el porqué de esta llamativa
ausencia.
Lo que sí es posible es que en efecto,
el nombre del famoso río Oja, del cual ha surgido el que
presenta todo el territorio, sea de origen euskérico, pues
podría estar relacionado con términos vascos como
«oi» = “encía”, que en toponimia
puede presentar también el significado de “hondonada
fluvial”, existiendo variantes relacionadas etimológicamente
como «oiada» = “encañada, barranquillo”,
«ohe / oia» (vizc.-guipuz.) = “cama, lecho de
un río”, «(h)obi» = “fosa, hueco,
encía”, etc… Así pues, el caso del «Oja»
no sería sino lo que se suele denominar una “tautología”
(repetición de un mismo concepto en dos lenguas diferentes
dentro de un solo topónimo, en este caso transcribiríamos
este nombre como “río de río”).
Parece razonable
pensar que la tierra riojana recibió esta denominación
debido sobre todo a que la Reconquista cristiana -movimiento político-militar
del que han surgido las provincias y territorios actuales de España-,
se produjo en la zona principalmente de oeste a este, extendiéndose
el nombre del primer valle perteneciente a los cristianos al resto
de valles fluviales de características naturales similares
que fueron conquistando, como el Najerilla, el Iregua, el Leza,
o el Cidacos, hasta detenerse ya en el del Alhama-Linares, al toparse
las gentes riojano-castellanas con el área de reconquista
navarro-aragonesa.
Para finalizar, no podemos olvidar
en este punto otra peculiaridad del euskera respecto a La Rioja,
que es el hecho de que la vasca parece ser la única lengua
que todavía ha conservado íntegro el viejo nombre
del territorio, o por lo menos el que debió de recibir en
tiempos romanos, y quizás un poco antes.
Y es que dentro del vocabulario vasco
existe un término con las variantes «Beruña
/ Beroin / Beruin», que literalmente significa “vendimia”,
y por extensión “mosto, vino”. Como esta palabra
no parece tener en principio ninguna etimología posible a
través de las raíces de la lengua, es muy razonable
pensar que tal vez no sea otra cosa que la derivación de
un viejo término latino *Beronia (e incluso tal vez *Berunia,
por el conocido paso fonético O > U que se produce desde
antiguo), aplicado al antiguo país de los «berones»
-tribu que habitó la mayor parte de La Rioja-. Tiempo después,
las gentes de habla vasca habrían ido asociando esta palabra
con la cultura del vino riojano, hasta el punto de olvidarse completamente
de su significado original.
Sin duda a partir de expresiones creadas
por jornaleros que se trasladaban a vendimiar a La Rioja, como por
ejemplo *Beruñara noa = “me voy a
Beronia”, se asociaron como conceptos indisociables el de
“país berón” y el de “vino”
y “vendimia”, hasta el punto de perderse definitivamente
el sentido geográfico original, para adquirir uno de actividad
laboral: la expresión *Beruñara noa
se interpretó como “me voy a la vendimia”.
Todo un ejemplo
de la profunda ligazón que siempre ha existido entre el euskera
y la historia de La Rioja.
De hecho parece también muy
posible que el nombre tribal «berones» no sea otra cosa
que un antiguo gentilicio utilizado en principio para denominar
a personas que vivían en la desembocadura del Iregua, dentro
del territorio del actual Logroño.
En efecto, en documentos
medievales se le suele denominar «Bero» al río
Iregua, y posiblemente fuera éste su primer nombre, derivado
tal vez del término euskérico «bero» =
“caliente”. De tal manera, «berones» querría
decir simplemente “los del río Bero”. Los berones
primitivos habrían sido pues un pequeño grupo de personas
que habitaban a orillas de la desembocadura del Iregua, y que utilizaban
el Monte Cantabria como oteadero de vigilancia del paso del Ebro,
del que habla el geógrafo griego Estrabón. Después
el nombre se habría extendido al resto de La Rioja, configurándose
la tribu berona que conocieron los romanos en tiempos ya históricos.
El gentilicio «berones»
debió de dar lugar por otra parte al latino de «Beronia»,
empleado para definir el territorio perteneciente a la tribu, aunque
no es imposible que los sectores de población celtohablantes
ya utilizasen antes una forma muy similar.
Así pues, parece ser que antiguamente
los vascoparlantes usaron más bien el término «Beruña»
para referirse al país, y no el mucho más reciente
de «Errioxa», y también parece que podemos deducir
que incluso el nombre tribal «berones» tiene por origen
un componente netamente euskérico, lo cual nos llevaría
a plantear sin asomo de duda el hecho de que en tiempos prerromanos
ya se utilizaba como lengua principal de la tribu berona algún
tipo de dialecto protovasco, y que las hablas célticas eran
únicamente empleadas por una élite dominante llegada
muy recientemente al territorio.
Posteriormente, a pesar de todos
los trastornos históricos y las sucesivas dominaciones, no
se perdió del todo el uso del euskera, hasta el punto de
que logró sobrevivir a la desaparición de los dialectos
celtibéricos, llegando a alcanzar como lengua viva los albores
de la Edad Moderna, tal vez porque la élite celta fue una
minoría rápidamente absorbida por la romanización,
mientras que los riojanos vascófonos serían un conjunto
mucho más numeroso, “protegido” en cierto modo
por su modo de vida más vinculado al espacio rural, y a una
economía predominantemente agro-ganadera.
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